Patronazgo


Nuestra Señora la Virgen de la Vega. Patrona de Salamanca

La Virgen de la Vega es patrona de Salamanca desde el año 1610 y consagrada como tal en 1653. Comparte patronazgo con San Juan de Sahagún.

Nuestra Señora la Virgen de la Vega
Detalle del retablo de la Catedral Vieja
La celebración de la festividad de la patrona de Salamanca es el 8 de septiembre, día en que comienzan las Ferias y Fiestas de la ciudad. Antiguamente se acababan el día de San Mateo (21 de septiembre) pero de unos años acá terminan el fin de semana en torno al día 15.
Cuenta la leyenda que la Virgen ayudó a los salmantinos y los defendió del asalto de las tropas que querían invadirla en 1706 durante la Guerra de Sucesión Española.
La talla de esta virgen, de estilo románico, según el modelo bizantino de la Virgen con el Niño, era la titular del monasterio salmantino de Santa María de la Vega, situado en la vega del río Tormes, perteneciente a los canónigos regulares dependientes de los de San Isidoro de León. Ante la ruina de esta iglesia, fue trasladada a otra y más tarde al convento de San Esteban, donde permaneció de 1842 a 1904 que es cuando se instaló definitivamente en el altar mayor de la Catedral Vieja.
Por su técnica se ha datado a finales del siglo XII; la escultura mide 72 centímetros de altura. Se compone de dos figuras, la Virgen con el Niño sentado sobre su rodilla izquierda. Está realizada en madera y recubierta de piezas de cobre dorado y ornamentos formados por cabujones de pedrería de colores. El rostro de la Virgen y la cabeza del Niño junto con las manos de ambos son de bronce fundido y sin dorar. Los ojos en la cara ovalada de la Madre son de azabache y el rostro del Niño con unas facciones infantiles, recordando ya al estilo gótico, presenta los ojos de vidrio azul.



Nuestra Señora la Virgen de la Vega
Nuestra Señora la Virgen de la Vega
Las vestiduras son de chapa modelada a martillo sobre la madera tallada y sujeta a ella por medio de clavillos también de cobre. Los adornos de cabujones llevan piedras azules, verdes y rojas. La cabeza de la Virgen está cubierta con un velo y sobre éste una corona real moderna sustituye a la anterior.


El Niño está sentado en la rodilla izquierda de la Virgen y ambos colocados sobre un trono. La talla procede del antiguo Monasterio de la Vega, de ahí su nombre. El trono no tiene respaldo, está esmaltado y sus partes frontales están adornadas con querubines dentro de aureolas. En todo alrededor del trono, dentro de unos arcos se encuentran unas figuras en relieve, esmaltadas sobre un fondo dorado, representando a los apóstoles. Los colores empleados son el azul turquesa, azul cobalto, rojo, verde, amarillo, negro y blanco alternados.

El 30 de agosto se inicia una Novena en honor a la Virgen y el día 7 de septiembre a las siete de la tarde y desde hace más de 20 años se hace una ofrenda floral que sale en procesión desde la iglesia de la Santísima Trinidad del Arrabal, al otro lado del río, en la vega del Tormes, donde cuentan que antiguamente estaba la ermita dedicada a la Virgen. Para la procesión de la ofrenda floral se lleva una copia de la Virgen debido a su alto valor artístico.
Ofrenda floral
Ofrenda Floral a la Virgen de la Vega
La Virgen es seguida por un montón de asociaciones y personas vestidas a la vieja usanza, con su traje charro y recorre tras su paso por el Puente Romano calles como Tentenecio, Libreros, Compañía, Meléndez, entre otras, hasta llegar a la Plaza Mayor, desde ahí por la Rua Mayor finalizando el desfile en la Plaza de Anaya, en donde, junto a la Catedral Nueva hay una estructura metálica en la que colocarán los ramos de flores. Durante todo el trayecto no paran de sonar tamboriles, castañuelas y bailes charros. Unas charras portan a la Virgen y otras portan las andas con flores.
El Sr. Alcalde de la ciudad, el párroco de Tejares y el presidente de la Asociación el Tarje Charro, organizadora del acto, son los primeros en depositar su ramo, tras dirigir unas palabras a los presentes, y también a la Señora, la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca.


Abre, Madre, tus brazos al pueblo que a Ti llega
en dulce servidumbre de esclavitud de amor
Salamanca te aclama ¡oh Virgen de la Vega!
sus vidas te ofrece, sus almas te entrega,
es tu gloria su gloria y es el tuyo su honor.
Fuiste humilde y piadosa, prudente, casta y pura
y Dios, al contemplarse se enamoró de Ti.
Yo quiero que mi vida refleje tu hermosura
y anhelo que mi alma, de tu favor segura,
imite tus virtudes y te halles junto a mí.
Tu nombre es ambrosía de labios infantiles
que te dan en sus besos su gracia y su candor.
Es tu nombre poema de sueños juveniles
y es la rosa encendida de divinos pensiles
donde vierte su llanto, contrito, el pecador.
Eres rico tesoro, soberana grandeza
del pobre y del humilde que llega a tu mansión
y con gesto de ruda, castellana franqueza,
de rodillas postrado, te ofrece, cuando reza,
la joya inmaculada de un puro corazón.
Tu amor es luz que inflama los cristianos hogares
y florece en las aulas de mi Universidad;
e ilumina los templos de dorados altares:
y brilla en los palacios de piedra seculares
y en la hoguera de oro que es mi vieja ciudad.
Te canta el sabio austero que en sus libros se afana
y el juicioso estudiante que aprende su saber
y el monje con sus rezos al toque de campana;
y el labriego creyente que surca su besana
y el obrero en el duro trabajo del taller.
A tus plantas se postra la madre dolorida
y el marcial caballero que marcha a pelear;
y te invoca el enfermo que intuye su partida;
y el santo sacerdote que busca en Ti la vida
que tus brazos sostienen como en cuna y altar.
¡Oh, Virgen de la Vega! En la vida y la muerte
Salamanca es tu trono, tu templo y tu heredad.
Para que nunca deje de ser tu pecho fuerte.
¡Para que cifren siempre sus glorias en quererte,
bendice hoy a tus hijos, bendice a tu ciudad!



 

San Juan de Sahagún (1430-1479) Patrón de Salamanca

Es el patrón de Salamanca desde 1868 y su festividad se conmemora el 12 de junio. Es el patrón tanto de la villa de Sahagún como de Salamanca.
Cartel de las Fiestas de San Juan de Sahagún 2012
Cartel de las fiestas en honor al Santo Patrón (2012)
El 24 de junio de 1430 en Sahagún, un pueblo de León, nació Juan González Martínez. Hijo de Juan González del Castillo y Sancha Martínez que al no concebir descendencia iniciaron una campaña de ayudas a los pobres, oraciones, novenas, ayunos, modestas aportaciones a iglesias, obras de caridad, y ofrecimientos y todo cuanto pudieron para tener un hijo. Nació Juan que encaminó desde muy pronto su vida al sacerdocio y no a las armas como su padre deseaba.

Se educó con los Benedictinos en su pueblo, era buen estudiante, dócil y de buen carácter aunque no exento de gran temperamento, llamó la atención por su férrea voluntad y personalidad causando admiración al obispo de Burgos D. Alonso de Cartagena, que le apadrinó en los primeros estudios teologales, dándole el cargo de Secretario Canónigo de la Catedral.

Pero Juan, no quería cargos y rogó al Obispo le nombrara sacerdote de la parroquia más pobre de la ciudad de Burgos siendo enviado a la parroquia de Santa Águeda en el arrabal no pudiendo el obispo contradecirle por ser sus explicaciones tan razonadas y por su carisma. Ejerció unos años ayudando a todos los feligreses, a los pobres, tullidos y necesitados siendo querido y respetado, hasta que decidió marchar a Salamanca.

Llegado allí se matriculó en Teología en la Universidad, cursando estudios durante cuatro años, compartiendo estos estudios con las tareas en las cocinas fregando y lavando platos en el Colegio de los Agustinos, acabó sus estudios y siendo ya Doctor seguía desarrollando esta labor que lejos de avergonzarle le ensalzaba y otros sacerdotes y novicios le imitaban. En una ocasión le pusieron a servir vino en una comida de novicios y dándole una vasija, que aún se conserva, San Juan sirvió a muchos comensales sin que se agotara el vino, dándose cuenta los presentes quedaron maravillados y, aún, sobró vino.

Todo el trabajo lo hacía con humildad, penitencia y paciencia expresando su rostro una alegría. Trascurría su vida orando y dando sermones siendo un magnifico predicador y escribiendo algunas obras y disertaciones hasta que un día al acostarse sintió leves molestias y al poco empezó a sentirse enfermo. Los doctores que le asistieron declararon que tenía una dolencia desconocida que no acertaban a diagnosticar Esta dolencia le apartó de sus quehaceres y de las calles que tanto gustaba dejándole postrado en cama.
Monumento a San Juan de la Cruz
San Juan rezó y rezó prometiendo a Dios si sanaba redoblaría sus esfuerzos en la fe y consagraría su vida como religioso, lo cuenta él mismo: "lo que pasó aquella noche entre Dios y mi alma Él sólo lo sabe y luego, a la mañana, fuíme a San Agustín, alumbrado por el Espíritu Santo y recibí este hábito". Era el 18 de junio de 1463 fecha que adopta el nombre de Fray Juan de Sahagún. Al poco tiempo empezó a mejorar con gran sorpresa de sus doctores que no conocían cura salvo arriesgada operación. Recuperó plenamente la salud y entró a formar parte activa en la Comunidad de Religiosos Agustinos.

Ya en el convento de los Reverendos Padres Agustinos en Salamanca, llegó con fama de Santo donde el reconocimiento de la comunidad se hizo patente. Juan de Sahagún era muy elocuente y sus sermones y homilías causaban honda impresión en los feligreses y novicios. En cierta ocasión fue invitado a una ponencia en el Colegio de San Sebastián y dando un discurso a los colegiales del Colegio Mayor de San Bartolomé, habló de Dios y de pasajes de la Biblia de tal manera que asombró a los presentes. Su disertación fue tan clara, precisa y con un fundamento aplastante demostrando tan amplios conocimientos, que le rogaron que admitiese la beca de Capellán en el mismo Colegio. Todo el mundo quería conocerle y oírle hablar.
Por aquella época había en Salamanca dos bandos el de San Benito y el de Santo Tomé, rivales que se despedazaban verbal y públicamente. Estas disputas traían muertes, venganzas y rencores.
San Juan de Sahagún habló con ellos, en la hoy llamada Casa de la Concordia. Les expuso la forma de vivir, la poca importancia de los bienes terrenales, la importancia del alma y del amor, a lo que ambos discrepantes se acongojaron viendo su mirada limpia y serena y arrepentidos abrazaron siendo un preámbulo de amistad y respeto. Aquellas familias entre los que contaban los Maldonados, Gil, González, Anayas, Acebedos, Nietos, Arias, Lozano, y otras relevantes firmaron un documento público, que avalaba la paz entre todos dando fin a las disputas de los bandos.

Juan de Sahagún acrecentaba su fama, estudiaba la Biblia y trasmitía sus conclusiones, rezaba horas y horas y daba sermones en cualquier parte, la gente se embobaba embelesada y aquellos que no llevaban una vida ordenada y no tenían un comportamiento adecuado cambiaban de actitud al escucharle. En realidad, era un hombre carismático, amable, visitaba enfermos, unía las familias desarraigadas, asistía a los moribundos y ayudaba a los pobres.

En la confesión adquirió fama de severidad, no entendía la hipocresía de aquellas personas que se confesaban para que las vieran y luego pecaban, San Juan le daba charlas y reprimendas, pero con su cariñosa actitud la gente quedaba prendada y salían con el propósito de enmendar sus vidas y reformar sus vicios, tal era que los hombres abandonaban sus amantes y volvían a sus casas con sus mujeres.

Sus homilías eran muy largas y gustaba de recrearse pues veía a Dios en sus Eucaristías, aun así la gente se agolpaba para escucharle.

Sus milagros se extendían, no tenia preferencias, huérfanos, enfermos, los más pobres y ancianos, eran tan importantes como ricos y caciques, amaba a todos por igual y ayudaba a los desvalidos, desprotegidos y débiles, recogía limosnas y buscaba albergues o asilos a las lozanas y adolescentes muchachas desprotegidas y en peligro, a las que alojaba con familias honradas, para que las protegieran y educaran en la fe.

Cuentan que realizó más de doscientos milagros, entre ellos los más celebres son:
Placa en la Calle del Pozo Amarillo
Por el año 1475 en la calle del Pozo Amarillo, céntrica calle de Salamanca, un niño se cayó a un pozo muy profundo que allí existía. Pasó San Juan de Sahagún y asomándose al brocal alargó el cordón del su sotana para que el niño lo cogiera. Al no llegar a alcanzarlo San Juan hizo subir el nivel de agua hasta que el crío, llorando logró llegar a la boca del pozo y salir mojado y asustado con gran alegría de su madre. Las gentes aplaudían y el Santo se escabulló entrando en el mercado y poniéndose un cesto a la cabeza para despistarlos pero fue rodeado por los niños que le seguían y éste sonriendo estuvo haciéndoles saltos y burlas, lo que les causó gran alegría convirtiendo el día en fiesta y bailes. Existe una placa actualmente conmemorándolo.

En otra ocasión caminando por una calle de Salamanca, San Juan de Sahagún fue alertado por los gritos de la muchedumbre. El algarabío era causado porque un toro bravo correteaba por las calles tras haber escapado de su chiquero. El animal embestía a todo aquel que por allí pasaba San Juan de Sahagún se plantó ante él y le dijo “Tente Necio”, a lo que el toro se quedó manso y no opuso resistencia a su retorno al corral como si de un perrillo se tratara. Llevando el nombre esta calle de Salamanca de Tentenecio.

La distribución de la pobreza y la riqueza le preocupaba mucho, los maestros albañiles pagaban mal y tarde a los obreros y los terratenientes tenían brazos a cambio de jergón y migajas de pan. Esta preocupación y las palabras de San Juan para corregir este problema hizo que en los pueblos latifundistas no le dejaran entrar y cuentan que un terrateniente envió dos mocetones para que pegaran una buena paliza a nuestro Santo. Éstos, envalentonados por tan fácil trabajo de pegar a un cura, le emboscaron a lo que Juan les miró sonriente, en su mirada había un calor y tanto afecto que se sintieron aterrados y fueron incapaces de controlar sus temblores, preguntándoles San Juan por sus temores, confesaron que le iban a golpear y no pudieron ni mover un dedo asistidos de un una gran congoja. San Juan los consoló y les ordenó que se marcharan y enmendaran. Al volver junto a su amo, éste se sintió indispuesto y moribundo mandando llamar al santo para que le perdonara, llegado éste de vuelta el enfermo sanó.
Con sus rezos rogó al Señor que librara a la ciudad de Salamanca de la peste negra o tifus mientras él viviera, la cual ni apareció por la ciudad en ese tiempo.
Y sucedió que un hombre que tenía una amante al escuchar los sermones de San Juan de Sahagún en la en la iglesia de San Blas, decidió apartarse totalmente de aquella, mala y diabólica mujer la cual despechada exclamó: "ya verá el tal predicador, yo haré que no termine con vida este año". y mandó echar un veneno en un alimento que el santo iba a tomar.

Las sequías imperaban, el incipiente verano era asfixiante y llevaba mucho tiempo sin llover, las cosechas se perdían, San Juan viéndose en brazos de la muerte, dijo que apenas llegara al cielo pediría al Santo Padre agua para su querida Salamanca, nada mas morir empezó una época de abundantes lluvias que arreglaron las cosechas.

A su llorada muerte, acontecida el 11 de junio de 1479 dejaba la ciudad de Salamanca completamente transformada y la vida espiritual de sus oyentes renovadas de manera admirable. San Juan dejó dicho: Sepan que si Dios no da herederos, que es, porque el Señor quiere que lo sean los pobres.
Medallón en honor al Santo en la Plaza Mayor
En el Pabellón de Petrineros de la Plaza Mayor

Su humanidad será irrepetible, venerado por Salamanca, sus Artes y su Universidad, muestran Orgullosas su Patronazgo y le rinden un perpetuo Homenaje. Muchas personas y vecinos de toda España han seguido los consejos de San Juan y han dejado sus bienes a los pobres.

Fue beatificado por el papa Clemente VIII en 1601 y canonizado por el papa Alejandro VIII en 1691.
 
 
 
 
 
 

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